Hoy estaremos en la radio (102.9 FM, 20H00)

Esta noche la historia de No Hay Quien Nos Pare se contará en el programa Ciudad de Sombras, Radio Distrito FM, 102.9.

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Fedra y Nargaroth en Quito (06 – VIII – 13)

Hijos del Ocultismo Invocan al Averno

Por: Viviana Herrera

@ViviHerreraA

Fotos: Walter Poncho Núñez

“¡Hail Satan!” se escuchaba entre un tumulto donde casi nadie tenía menos de 25 años. La mayoría llevaba cabellos largos, chompas de cuero, pantalones y botas militares. Soltaban gritos desgarradores como rasguños al escuchar las voces guturales, guitarras distorsionadas y una batería ensordecedora. Todo sobre una atmósfera oscura.

«Hail Satan» es una expresión usada por algunos satanistas para mostrar su admiración y fidelidad al señor de las tinieblas. Quienes creen en el backmasking –mensajes ocultos o subliminales– están convencidos de que pueden escuchar aquella frase –Hail Satan– en varias canciones escuchadas al revés.

«Hail Satan» es una expresión usada por algunos satanistas para mostrar su admiración y fidelidad al señor de las tinieblas. (Quienes creen en el backmasking –mensajes ocultos o subliminales– están convencidos de que pueden oír aquella frase –Hail Satan– en varias canciones escuchadas al revés)

Miradas furiosas, puños en alto, ganas de huir, calor, gruñidos y furia se sintieron antes de la presentación de Nargaroth, Black Metal Kriegtero, una leyenda fundada por Ash –antes Kanfult– en 1997.

El Rito

La prueba de sonido de la banda estelar duró media hora, tiempo que aprovecharon los blackeros más ebrios para invocar al mal a propósito de la presencia de los alemanes: “Ash, aaaggghhh. ¡Nargaroth, Nargaroth!” gritaron. Otros tomaron bocados largos de agua de la llave para no pagar un dólar por una botella plástica.

Como si los extranjeros (Nargaroth: cuatro alemanes; y Fedra: cuatro colombianas) hubieran entendido la súplica, las cortinas que cubren el escenario de El Aguijón (lugar del evento) empezaron a ser recogidas por dos hombres, uno a cada lado, con tapones en los oídos que delataban su incomodidad. La adrenalina empezó a adueñarse del lugar, los gritos secos empezaron a ser consecutivos mientras el telón rojo de fondo se tornaba azul.

Levantando la mano derecha con la señal de los cuernos apareció Ash, seguido de Charoon en la guitarra, Mardroem segunda guitarra y Urobor en la batería. Durante una hora, movieron las cabezas de los blackeros con temas como: Das Schwarze Gemälde, del  disco «Herbstleyd»; Far Beyond the Stars (cover de Azhubham Haani); Pisen pro Satana (de Root); The Gates of Eternity (de Moonblood); Possessed by Black Fucking Metal, disco «Geliebte des Regens»; Wenn Regen liebt (Zwiegespräch mit mir); y, Von Scherbengestalten und Regenspaziergang (Vision eines realen Todes) del disco «Black Metal Ist Krieg»

Nargaroth

Fedra

Durante el tiempo que duró la tocada los espectadores que estaban próximos a la tarima no dejaron de rozar puños, brazos y melenas mientras los más recelosos veían a los legendarios alemanes a lo lejos, cerca de la entrada. Otras canciones como Be Dead or Satanic, Satan Industries, Hunting Season del disco «Semper Fidelis»; I Still Know, Artefucked, Vereinsa, Der Satan ist’s. Hate Song, del «Prosatanica Shooting Angels»; y, A Whisper Underneath the Bark of Old Trees del disco «Spectral Visions of Mental Warfare» motivaron a los rockeros a empujarse llegando a comprobar que los músicos sobrepasaban los dos metros de altura.

En medio de improvisaciones, sonidos medievales e himnos alemanes, Ash, con su cara pintada de negro alrededor de los ojos y blanco el resto del rostro, miraba a los asistentes como tratando de encontrar caras conocidas de su primera visita al Ecuador de hace cuatro años. Al finalizar, agradeció a los hijos del averno por la asistencia y por ser este el segundo país de la gira Sur América 2013 y aunque no todos entendieron, aplaudieron. Acto que lo motivó a chocar las manos de los que se encontraban en primera fila, lo que a los rockeros a mis espaladas les pareció “del hijueputas” Nargaroth es una de las bandas más influyentes a nivel mundial en la ola del Black Metal Kriegtero.

Ash, fundador y miembro único en estudio de Nargaroth

Ash, fundador y miembro único en estudio de Nargaroth

Una hora y media antes de que los alemanes pisaran el escenario, Fedra, una banda de Black Metal formada por cuatro mujeres colombianas –que después de su presentación tuvo que permanecer siete días extras en tierras ecuatorianas debido al paro agrario en su país– conversó con No Hay Quien Nos Pare.

Las Demonias Seductoras del Black Metal Read More

‘Thrash Metal’ en Cañar

Un Viaje Extremo

Los quiteños Extreme Attack han recorrido casi cuatrocientos kilómetros a través de tres peajes de la Panamericana Sur sin detenerse en los innumerables moteles de la ruta Quito – Azogues; pararon en un par de gasolineras al borde de la carretera en busca del licor tradicional; vieron una saga policial en la furgoneta escolar que los transportó; se durmieron mientras la luna reflejaba la luz del solsticio de verano sobre las nieves del Cotopaxi y el Chimborazo; y pasaron cerca de un accidente de tránsito antes de llegar a Cañar. En unas horas sacudirán sus melenas y las de sus seguidores con Thrash Metal.

Por: Luis Fernando Fonseca

@lffonsecal

Antes del ataque

21 de junio El día más largo del año ha llegado a su fin y Marco Calle, un cañarejo rollizo que conduce la Van pintada con los colores del Barcelona S.C. guarda en la gaveta del copiloto el recibo que le han dado en el peaje en Panzaleo. Viajamos con Luis Guaraca, organizador del Raymi Metal II, los tres músicos de Extreme Attack, y tres de los que componen la banda de Power Melódico Romasanta: el guitarrista Douglas Mora y el bajista Santiago Cárdenas llevaron a sus novias; junto al otro guitarra, Iván Pantoja, y la mánager Carmen Cando completamos la docena de personas que llena el carro. El vocalista Washington Guerrero tuvo que irse en bus.

Vamos a cien kilómetros por hora y adentro del auto se escuchan rechinidos de llantas sobre el asfalto, motores acelerando, choques, gritos, disparos y la voz de Toretto (Vin Diesel) el protagonista de The Fast and The Furious a quien casi ningún viajero pierde de vista. Es como ver una película en un cine clásico: los cojines mullidos por el uso están cerca –muy cerca– unos de otros y los espectadores espontáneos flotan sobre un suelo pegajoso. Quizá por esa calma ficticia a nadie le importó que al salir de Panzaleo hayamos esquivado a una muchedumbre que se apiló alrededor de una moto tirada en el concreto tras un auto blanco.

Afuera no hay sangre. Un casco negro rueda en el asfalto y un policía anota en su libreta los pormenores del accidente: el primer involucrado –conductor de un Suzuki Forsa– espera paciente en su asiento, sólo, sin cinturón de seguridad; y el segundo –dueño de la moto– ebrio y con un jean roído por la caída, es detenido por un acompañante que al parecer llegó a socorrerlo e impedir que salde a puñete limpio el frenazo repentino del conductor del carro.

El choque desaparece en el espejo retrovisor y me doy cuenta de que tampoco ha llamado la atención de Marco Calle, el chofer de la Van que cabecea fatigado. Es comprensible, adelante no se ve la pantalla que proyecta Rápidos y Furiosos, y los parlantes emiten la monotonía de clichés de película hollywoodense. Marco tiene cara de ser un conductor experimentado así que me reclino en mi asiento e intento dormir. Pienso en los accidentes que ocurren en este país de caminos reasfaltados, los revivo en el recuerdo de noticieros que escupen las cifras de muertos sobre ruedas después de cada feriado como si de simples anécdotas se tratara y me hundo en una leve pesadilla donde todos morimos al irnos en picada al fondo de la laguna de Yambo.

"Pachi" «thrashing like a maniac...»

“Pachi” «thrashing like a maniac…»

De repente me despierto por el sacudón de una curva y veo que las parejas se abrazan bajo una cobija, los de más allá se han acurrucado sobre sus equipajes de mano y los de enfrente –organizador del concierto y mánager– apenas logran mantenerse despiertos. Marco tiene los ojos cerrados. Su paisano Luis Guaraca ha tomado el volante al ver su cansancio. Es lento pero se sale de su carril más de lo indicado para ver a los carros en sentido contrario. Cuando unos faros potentes le avisan que no es el momento de rebasar, cambia de dirección violentamente como si quisiera enterrarnos vivos en una cuneta bajo los cables, platillos y guitarras que transportamos. Entonces me distraigo: por trillada que sea, una película de carretera es el mejor acompañamiento en este tipo de viajes nocturnos; me engaño.

El temor a un estrellamiento fue injustificado o imaginé todo para soportar el tedio de tan largo trayecto. Al fin y al cabo fueron ocho horas hacia un concierto donde las regalías para los músicos serán pequeñas y, luego de sobrevivir a rutas y tablas, pocos se enterarán de tal hazaña aunque un accidente pudo ser tan terrible como lo que sufrió Andy Galeon de Death Angel o tan fatal como lo que le ocurrió a Cliff Burton de MetallicA.

Metal on the Rock Ingapirca (Cañar)

Metal on the Rock
Ingapirca (Cañar)

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Sagros en Ecuador

«Ser metalero es estar pendientes de la banda, asistir y apoyar…

el Metal se alimenta del Metal»

Fredy Prado, bajista colombiano

La altura de Quito venció a los Tormentosos

Por: Viviana Herrera

@ViviHerreraA

—Gracias, Quito, pero la altura nos gana, ya no damos más— dijo Sergio Gaviria, vocalista y guitarrista de Sagros (banda de Thrash Metal originaria de Cali) excusando el notorio cansancio de los músicos en la capital del Ecuador, fue su primera gira internacional luego de 16 años de hacer música en Colombia sobre unos 200 escenarios.

Horas antes, mientras caía la noche del jueves 13 de junio, los cuatro caleños se pegaban cerveza muy tranquilos en la acera de la avenida Mariscal Sucre, afuera del Daca Bar ubicado en el sector de El Pintado, al sur de la ciudad.

Sus cabellos largos, ondulados y recogidos casi a dos metros del piso, la vestimenta negra, parches, botas y un rostro con sonrisas contagiosas y acentos poco entendibles para un ecuatoriano alejado de la frontera, se habían convertido en el centro de atención de los pasajeros que recorrían el corredor sur occidental. A través de las ventanas los curiosos “espantados” veían atentos a los indiferentes “melenudos” mientras el metro bus seguía su camino.

La espuma con hielo brotaba de botellas y vasos hasta chorrear con prisa en la ventana del ingreso al bar donde sería el concierto. Dos policías: un nacional y un metropolitano ubicados en cada sentido de la vía, dirigían el tránsito sin percatarse de que los turistas estaban infringiendo la ley. Según la ordenanza municipal 236, la multa para quienes sean sorprendidos consumiendo licor en la vía pública de zonas no turísticas como el Pintado es de $159. Ley que no espanta a los rockeros en ningún rincón del mundo pero al considerar que estaba de paso, Fredy, bajista de la banda, tomó las cervezas entre sus brazos –como protegiéndolas– e invitó a todos a ingresar al bar.

En las baldosa frías del interior Luis Cuartas (segunda guitarra), el menor del cuarteto, se acostó sin importarle si el piso estaba limpio; Carlos Campo (baterista) se despojó de la chompa y echó sus manos hacia atrás para apoyarse; mientras que Fredy se arrimó en la pared; Sergio tomó una silla alta –su apariencia de juez de película gringa con la barba abultada en las mandíbulas y lentes redondos se opacó por el tabaco en sus manos y el parche de Sagros en el lado derecho de su chompa–, segundos después y al ver la informalidad del resto nos acompañó en el suelo.

Actualizado recientemente4

El recorrido

Fredy y Sergio difícilmente olvidarán el día anterior al concierto que nos ocupa: miércoles 12 de junio de 2013, ya que a tempranas horas dejaron a sus familias en su natal Cali para realizar un viaje que los tendría 30 horas rodando sobre el asfalto.

Los dos músicos iniciaron la travesía en bus debido a deudas pero el recorrido resultó toda una aventura. «El paso por la frontera y el letrero que dice: “Bienvenidos a Ecuador” se presta para la foto», dijo Sergio.

«Es una experiencia completa poder apreciar la naturaleza en todo su esplendor, ver los volcanes nos ha gustado mucho» acotó Fredy: «hemos visitado bares como el ‘Del Boris’ y hay muy buena música, de hecho aquí escuchan muy buen Metal… Cuando sales de tu país todo es distinto, nos encontramos con una gastronomía diferente». Estas vivencias no están alejadas de la realidad de famosos grupos que iniciaron su vida musical en el departamento o bar de algún pana.

Bandas representativas del Thrash como Exodus, Slayer, MetallicAMegadetH se iniciaron en conciertos de garaje en Los Ángeles y San Francisco.  Estas agrupaciones poco a poco fueron ganando popularidad en un reducido pero fuerte grupo de jóvenes que buscaban una cultura propia y que –como hoy– necesitaban protestar.

«Era el toque de dios porque decíamos algo que sólo unos pocos entendían, para los demás era un show pero para nosotros era básicamente estar frente a un altar», recuerda Corey Tailor de Slipknot, en una entrevista que dio para el documental  sobre el Thrash de la Bay Area llamado Get Thrashed. La Historia del Thrash Metal.

Sergio demuestra que la fidelidad al Rock y al Thrash no morirá jamás: «regresaré al hogar con deudas, pero con la satisfacción de haber cumplido lo que pocos se arriesgan hacer: cruzar la frontera con los pesos –convertidos en dólares– justos. Porque para ser famoso en el Rock hay que arriesgarse pero nadie asegura que todos los que se lanzan ganen»

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Perder para triunfar

Perder para Triunfar

¿Cómo alcanzan la gloria los freaks?

Por: Luis Fernando Fonseca

@lffonsecal

Round 1: El deceso de un Macho

<<El boxeo va más de sentir dolor,

cuando no devastadora parálisis psicológica,

que de ganar>>

Joyce Carol Oates 

Fue tres veces campeón mundial en los 80, pero en 2012 Héctor “Macho” Camacho no pudo noquear al narcotráfico. Falleció el 24 de noviembre tras recibir un balazo en la mandíbula por un supuesto ajuste de cuentas. El ex boxeador puertorriqueño tuvo problemas con el alcohol y las drogas durante su carrera. No es una historia suelta, arbitraria ni común. Es la ley de los campeones en una lucha de la que –saben– no obtendrán más que penas.

El púgil se entrena consciente de que ponerse los guantes es un trabajo infame que seguramente le negará la paz de su juventud y el descanso en la vejez. El Rock & Roll consume a quienes lo defienden porque no les da una recompensa
tradicional. Pero los dos merecen la pena. No admiten quejas. Son una rabieta de quienes desde la infancia se vieron atraídos por los acordes que inventaron grandes genios de las cuerdas de acero sobre las tablas, o, inmensos artistas del dolor sobre la lona.

El box solo trae penas a quienes lo practican. Por ese digno desencanto su música de fondo siempre será el Rock.

Round 2: Rock & Box

<<Yo y mis pares estamos acá para dar lo que hay que dar,

por sentimiento, locura y pasión se nos ve de negro vestidos;

soy metalero por propia elección ¡no me rompa las bolas oficial!

a fondo blanco estoy festejando lo mejor del Heavy Nacional>>

Ricardo Iorio

La desgracia en una banda de Metal no es simple anécdota. Se trata, como en el deporte por antonomasia –donde el emblema es la persona, no el equipo o la camiseta– de ‘dejarse la piel’ como lo hizo en el cuadrilátero Oscar Natalio Bonavena al enfrentar al gigante Muhammad Ali:

I kill you!… Chicken, chicken, Vietnam—se burlaba Bonavena. Ali –nacido Cassius Clay y llamado así hasta antes de adoptar el Islam como religión para no ir a la guerra contra el Viet Cong– solo escuchaba las provocaciones del boxeador gaucho cuya admiración por el baterista de The Beatles le valió el pseudónimo de ‘Ringo’

15 rounds después, una Argentina paralizada acompañó a Bonavena en su estoica hazaña: lograr que uno de los más grandes atletas de la historia admitiera su temple. <<Una muestra de coraje pocas veces vista>> jadeaba magnánimo el norteamericano luego de la batalla.

‘Ringo’ se puso los guantes desde los carnavales de su infancia porque el de boxeador era el disfraz más barato. La pobreza en que creció el argentino recuerda la atmósfera oscura, inaprensiva que envuelve el retrato de José María Gatica en “el Gato” película del recién fallecido Leonardo Fabio.

En la década de los 60 ya era profesional a pesar de perder su primer combate, en esos años fue descalificado por la Federación Argentina de Boxeo al morderle el pecho a Lee Carr sobre el cuadrilátero (hasta Mike Tyson le debe esa maña a este Maradona del boxeo)

Dio la vuelta en el estadio del Club Atlético Huracán, el equipo de sus amores, al son de lo que sería un himno en su honor: “Somos del barrio / del barrio de La Quema / Somos los hinchas / de Ringo Bonavena…” Solo perdió en 9 ocasiones, y, en 44 de sus 58 peleas ganó por K.O.

El dinero lo asemejaba a un Rock Star desenfadado que se rodeó de lujos luego de conocer la fama; dio un salto al cine y –quizás para parecerse a Gardel– hasta grabó una canción. En reprimenda a sus declaraciones, fue boicoteado por los empresarios que ocultaban la corrupción ya latente en este deporte.

Su periplo por Estados Unidos lo llevaría al abismo cuando, en el ‘76, vendieran su contrato al italiano Joe Conforte. La mafia siciliana decidiría el destino de Bonavena. Peleó contra a Billy Joiner ¡en un burdel administrado por La Cosa Nostra!

Sally Conforte, esposa del mafioso y la última persona con quien Bonavena firmó un contrato, no pudo lograr una batalla más. Solo provocó los celos de Joe. Luego de varias amenazas contra el boxeador, lo citaron para dejarlo en libertad luego de su fracaso. Pero el sábado 22 de mayo de 1976, lo acribilló Williard Ross Brymer, guardaespaldas de los Conforte.

En Argentina, una estatua de tres metros de altura lo recuerda; la tribuna de Huracán y una calle de Buenos Aires llevan su nombre; y, Almafuerte (la banda de Rock Pesado que acaba de publicar “Trillando la fina”) ilustró la garra de todos los metaleros nombrándolo en una canción: ‘Aguante Bonavena’

Ringo Vs Ali

Ringo Vs Ali

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La Cruz del Sur en un camino Sin Retorno

‘(Una) profunda perversión moral va unida a un mundo basado esencialmente en la inexistencia del retorno, en ese mundo todo está perdonado de antemano y, por tanto, todo cínicamente permitido’

MILAN KUNDERA

La Insoportable Levedad del Ser

Texto: Luis Fernando Fonseca

@lffonsecal

Foto y video: Southern Cross

Lo de Southern Cross es una caja de música construida con precisión de relojero. Ensamblada desde 2003, cuando pocas bandas entraban a estudio para plasmar sus obras y las demás esperaban, ansiosas, su turno para el redondo en cada concierto, como los que se hacían frente al estadio de Chimbacalle, en la ACJ, uno de los lugares donde se dieron a conocer y fueron forjando sus temas. Una cajita de música en que el cobre se ha convertido en acero. Cuerda que se tensa una sola vez pues no hay retorno.

Si bien no apelan a historias concretas o personajes de leyenda (tan común en ese género) su mensaje deja entrever, junto a su esfuerzo y constancia, una clara intención: afrontar el peso de un sendero de una sola dirección, ¡fatal! pero, a la vez, heroico. Han dicho que sus letras son metafóricas, para que los oyentes, cultores de las sinfonías y el Power Metal, las reinterpreten y se apropien de ellas.

Esta agrupación no solo tomó el nombre de una pieza magistral de Black Sabbath (‘The Sign of the Suthern Cross’ del inmortal disco <<Mob Rules>>) sino que siguió el ejemplo de los ingleses al hacer lo impredecible: un disco sin concesiones, que innova en la melodía y lírica el estilo en que se los puede –siempre con dificultad– encasillar. Tampoco es casualidad la fuerza con que empiezan para dar cuenta, sin pretensiones, de sus acordes más sinfónicos. Composiciones de Wilmer Raura que encajaron a la perfección con el violín del maestro Tadashi Maeda en una proeza épica que varios afortunados pudieron apreciar en un abarrotado teatro México.

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La Música (Ch. Baudelaire)

LXIX

La Música

Charles Baudelaire

<<Las Flores del Mal>>

¡A menudo la música como un mar me arrebata!

Rumbo a pálidos astros

bajo un techo de brumas o en un éter inmenso,

suelto todo el velamen.

Con el pecho arqueado, los pulmones henchidos

como velas al viento,

me encaramo en la cresta de montañas marinas

que la noche me esconde;

siento en mí cómo vibran todas esas pasiones,

de un navío que lucha;

y los vientos mejores, la tormenta y sus iras,

sobre absimos me acunan.

cuando no hay calma chicha, que es espejo gigante

de quien ya nada espera.

La Antología del poeta Alexis Cuzme en la Feria del Libro

Alexis Cuzme, roquero, escritor mantense. Es editor de la revista Metal-Literaria Marfuz y del blog Ciudad Hecatombe. Dirige el proyecto Marfuz ediciones y es autor de los ensayos: <<Legión, Década Pagana>>(2006), <<Satanismo Filosofía Individualista>> (2010) y <<Emisarios del Rock>> (por salir). Uno de los pioneros  de lo que bautizó como Periodismo Rockero (cultural, narrativo, crítico), su obra poética aparece en varias antologías nacionales y en los poemarios: <<Complot ante el silencio>> (2003), <<Club de los premuertos>> (2006), <<Bloody City>> (2010), la antología personal <<Cúmulo Sanguinolento>> (2011); y la selección lírica <<Anathema: poética para el ocaso>> (2011) <<Trilogía de la Crane>> es la antología más completa.

Ese eterno retorno anisado, seco, de fuego… metalero

<<Qué tan diferente puede ser amanecer en un parque repleto de palomas y colillas de cigarrillo a
despertar dentro de un manicomio donde tus únicos conocidos sean tus amigos de la infancia,
algún maestro y algún vendedor de seguros.>>
ÁLEX RON
¡Cuando me suicido despierto en Quito!

Texto y fotos: Luis Fernando Fonseca

Tengo la lengua seca, fría y seca. La limpio rozándola violentamente contra mis dientes filudos, sarrosos. Abro los ojos. Abajo una alfombra gris, arriba unas cortinas satinadas. Me envuelven. Me ha despertado el frío de un golpe, contra mis huesos. La ventana descubierta, el rocío de la duermevela incierta y un rastro: huellas de la borrachera que no puedo asegurar si fue infame. No hay recuerdos o están muy lejos.

Sobre la mesa de la sala, a un metro de mis pies de muerto, hay una gusanito oscuro que apenas se trasluce por mis lagañas. Son tapas de aluminio, negras, con marca. Enfiladas, dispuestas en la madera destartalada que rodea el vidrio de la mesita. Cristal sobre las botellas, vidrio mojado, Cristal Seco dice en la etiqueta y en uno; Norteño bajo la mesa. Ceniceros llenos, esputos por doquier, mareos y malos pensamientos.

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Advertencia: lo que harán

Por: Luis Fernando Fonseca

Una fría noche, en que la luna resplandezca, saldrán cuatro tipos de un barzucho concurrido. Uno, mugroso y ebrio, vociferará simulando a sus ídolos satanistas. Otro se esforzará por contener el vómito que llena sus entrañas, que circula por sus venas. El tercero se pintará de negro los párpados, se cortará el pulgar para chupar sangre. El cuarto llevará una navaja escondida en la botas de chapa que harán juego con la correa atiborrada de púas y la cruz invertida, también de metal, que penderá de su cuello.

Caminarán cabizbajos, balanceándose, batiendo el pelo en sus espaldas. Babearán como perros en busca de una presa fácil. Fabricarán divos de entre la fértil ceniza de sus modas pasajeras. Se burlarán de las hembras a quienes convencerán calentando orejas. Las violarán, las pisarán. Ellas les perdonarán. No hay remordimientos entre traidores.

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Beleth o la Maldad del Humo

Por: Alexis Cuzme

@marfuzzine

Perra Flaca se había difuminado sobre el colchón que nos acogía en su casa abandonada: el castillo Greiscol, el peor de los antros en medio de la ciudad sangrienta, la casa muecafeando el vecindario, la casa tugurio expulsando humo como locomotora, la casa museo donde los peores metaleros de Manta se reunían para recobrar el valor ante sus pesadillas.

Cargué y prendí un nuevo tabaco, me alejé de lo que quedaba de mi anfitrión. Avancé hasta la sala, siempre recordando los lugares frágiles de la casa, los tablones a punto de quebrarse. En aquel revoltijo de cruces invertidas, del imponente Baphomet ensombrecido por manchones rojos, recordé lo que había pasado horas antes. El acontecimiento del que me sentía orgulloso de testimoniar: Beleth, la segunda banda de Black Metal de este puerto, la banda de los panas, tenía su primer vídeo casero, por fin sus temas atrapados para la historia del Metal local. Todo en una desenfrenada actuación donde el mal estaba acumulado, donde el humo –expulsado desde los pulmones acolitadores de la noche– se volvió el aura maligna.

Afuera la ciudad rugía, los últimos viejos ebrios del mercado central dando tumbos en retirada. Y el drama pronto empezaría: la cajetilla de Líder únicamente con dos tabacos y media funda de yerba esperando aún ser quemada.

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