La ‘filosofía empresarial’ de Iron Maiden explicada por Bruce Dickinson


La única vez que Iron Maiden llegó al país para dar un concierto fue hace casi ocho años. Pero la última visita de su vocalista fue para que de una charla sobre emprendimientos y marcas, en octubre de 2015.

Ozzfest 2005

Bruce Dickinson en el Ozzfest 2005; Karl Walter/ Getty Images

Por: Luis Fernando Fonseca

@lffonsecal

El discurso de cantante británico Bruce Dickinson –quien además de artista es empresario y un piloto comercial de aviones que da charlas alrededor del mundo– fue una de las novedades durante la quinta edición del Campus Party, que se dio a fines de 2015 en el Centro de Convenciones y exposiciones Mitad del Mundo (Cemexpo).

La audiencia de su “conferencia magistral” –el anochecer de un jueves frío– estuvo compuesta por un número considerable de seguidores de la banda Iron Maiden, a la que el vocalista llegó en septiembre de 1981 por pedido del bajista Steve Harris, a quien le llamó la atención la portentosa voz de Bruce Bruce –como se lo conocía en esa época– al verlo frente a la agrupación Samson, en el Reading Festival ’81. De aquel fichaje surgió uno de los discos más memorables de la Nueva ola del heavy metal británico –NWOBHM, por sus siglas en inglés–, el ‘The Number of the Beast’ (EMI, 1982) y para el cual usaban una estética –jeans, cuero, metal y a veces mallas– de la que solo quedan fotografías y que dista mucho de la indumentaria con la cual Dickinson se dirigió a los campuseros.

Vestido con una chaqueta formal –que se sacó a mitad de la charla–, una camisa celeste, bluejeans no tan ceñidos y unos mocasines negros, Bruce fue el primero en tejer un nexo –impredecible para quienes solo lo habían escuchado cantando– entre la actitud empresarial y la marca que está tras su banda. No era la primera vez que venía al país –el 10 de marzo de 2009, Iron Maiden actuó ante los miles de espectadores que llenaron el estadio de Sociedad deportiva Aucas, en el sur de Quito– pero la diferencia con lo que esta vez vino a hacer fue abismal –o no tanto– aunque pusiera el tema homónimo del primer disco que grabó junto a Harris y compañía como introducción a su conferencia, “The Number…”.

Dickinson suele ponerse un uniforme militar para interpretar la canción “The Trooper” mientras blande la bandera del Reino Unido sobre los escenarios. Eso hizo en Quito pero la audiencia de sus charlas no podría soportar ese ‘performance’ sobre las sillas de plástico del Campus Party, donde el entonces vicepresidente de la República,  Jorge Glas Espinel presentó al rockstar, de quien se confesó admirador.

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Dickinson dice que las redes sociales no establecen nexos tan fuertes como los de las bandas con sus seguidores en escena; Miguel Jiménez / El Telégrafo.

El momento más emotivo de la alocución de Bruce –quien dijo que usa un celular Nokia“que no puede tomar fotografías siquiera” y que vive alejado de las redes sociales–, al menos para los seguidores que fueron a verlo, fue cuando recordó la palabra “Maiden en la montaña”, un gesto que el club de fans de su banda quiso darle al quinteto inglés, al poner esas palabras en las faldas del volcán Guagua Pichincha en 2009.

Mientras escuchaba su ponencia, la ausencia de la puesta en escena que Bruce tomó de referentes ingleses como Ian Gillan, de Deep Purple me hacía recordar un estilo aún más irreverente, al que le faltan las dotes operísticas, los registros agudos y la mantención de ciertas notas durante varios segundos —El estilo de Paul Di’anno, quien le puso la voz a los discos iniciales de ‘La Bestia’, “Iron Maiden” y “Killers”, alguien que, por sus veleidades punk y actitud incorregible, jamás se pondría a hablar de emprendimientos que no fueran hartarse de cerveza y que también vino a dar un concierto en Quito, el 30 de octubre de 2004.

El reemplazo del irreverente Di’Anno por el talentoso Dickinson –según le dijo el propio Bruce al documentalista canadiense Sam Dunn– se dio luego de que el excantante de Samson esperara tres meses a que Iron Maiden “despidiera a Paul. Entonces pasaban por momentos difíciles”, Di´Anno no cuidaba su voz de los efectos del alcohol y ciertas drogas y la banda quería cruzar el Atlántico para competir en el mercado estadounidense. “Habían sido deshonestos y esperaban un momento de infidelidad de Paul para echarlo”, dice Dickinson en el documental Metal Evolution para luego apostillar: “Es terrible decir esto, pero es la verdad (…) Paul tenía una voz gutural y un estilo único pero era cuestionable cuán lejos podía llegar”.

Por si quedaran dudas sobre el móvil comercial que llevaba a la banda inglesa a descartar a su primer cantante, el exguitarrista de Iron Maiden Dennis Stratton también le dijo a Dunn, en una entrevista, que “si la banda quería tener éxito en America necesitaba alguien que fuera capaz de competir con Ronnie James Dio (quien integró los grupos Elf, Rainbow, Black Sabbath y Dio) o David Lee Roth (Van Halen)… todos, muchachos con alto rango en las voces”.

Para Stratton, quien tampoco vivió a pleno los años de mayor gloria de Maiden, “en toda banda de hard rock o heavy metal, las voces deben ser altas” y Harris coincide con que los grandes arreglos que realizaron desde el ‘82 requerían esa impronta, una que años antes había sido patentada de la música clásica por Freddie Mercury en Queen y, aún en un estilo más cercano, por Rob Halford de Judas Priest. Aunque se llevaba bien con las ventas en tiendas discográficas, esta forma de cantar no era simplista, tenía sus orígenes en la orquestación de Richard Wagner, quien sobrecogía a quienes apreciaban sus composiciones hace dos siglos. La sonoridad era enorme aunque no contaba con amplificación en escena sino con otros recursos como la multiplicidad de instrumentos y técnicas vocales que ahora solo mantienen los cantantes del heavy metal.

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Durante su segunda visita al país –y de forma impredecible, al menos para mí–, Bruce no habló tanto de empresas de aviación como de su banda. “Si vas a vender o producir algo siempre debes pensar en el cliente y en relación que puedes generar con él para crear fidelidad”, le dijo a un sorprendido auditorio. Dickinson dijo que odiaba la vocación caprichosa de los clientes, la arbitrariedad con que cambian de preferencias y explicó cómo ese fenómeno se aplaca con la música y sus fans. “Las cosas que se crean en las empresas se van adaptando a nuevos requerimientos y, sobre todo, a los clientes, a lo que ellos quieren. No sé si eso sea lo mejor, pero es lo que hacemos”, dijo el artista que –cómo no– ha creado una escuela para la formación de futuros pilotos, Real World Aviation.

Ed Force One es el nombre de la aeronave en que Iron Maiden viajaba alrededor del mundo y que arribó al ex-Aeropuerto Mariscal Sucre en 2009, piloteada por Dickinson, él fue Director de Marketing en Astraeus Airlines, compañía que alquilaba aviones a otras aerolíneas y está detrás de Cardiff Aviation, empresa especializada en el mantenimiento principal de los aviones comerciales de Airbus y Boeing, así como de un proyecto aéreo para fabricar aviones híbridos de transporte ultraligeros. Bruce es, sin duda, un personaje multifacético al que no le hace falta un traductor para mantener a su audiencia pegada a su asiento, escuchando sus lecciones en un inglés al que no le falta el humor.

“La marca es el ADN, la identidad del negocio” (the brand is the DNA of business), dijo el británico que llevaba el cabello largo hasta mitad de los años 90, ahora corto y con algunas canas. Puso como ejemplo de comunicación efectiva con las personas más que con los clientes, a la supervivencia en la memoria de las palabras Iron Maiden, que incluso llegaron a una etiqueta de cerveza.

El increíble Dickinson repite muletillas en sus conferencias –como “los sueños se pueden alcanzar prestándole atención al mosquito de la creatividad”– que irritarían a Di’Anno, pero si hay algo que rescatar del díscolo Paul, pese a su estilo agresivo y poco cambiante –después de debutar en Ecuador estuvo preso en su país por fraude–, es que su interpretación del tema “Sanctuary” contiene un grito luego de la estrofa que dice: “I can laugh at the wind, I can howl at the rain, Down in the canyon or out on the plains” (Puedo reírme de viento, puedo aullar a la lluvia, abajo en el cañón o en las llanuras) que el piloto-cantante nunca imitó//.

Publicado en: Diario El Telégrafo.

Revisar también: Bruce Dickinson recordó un gesto de sus fans en el Campus Party.

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