Beleth o la Maldad del Humo


Por: Alexis Cuzme

@marfuzzine

Perra Flaca se había difuminado sobre el colchón que nos acogía en su casa abandonada: el castillo Greiscol, el peor de los antros en medio de la ciudad sangrienta, la casa muecafeando el vecindario, la casa tugurio expulsando humo como locomotora, la casa museo donde los peores metaleros de Manta se reunían para recobrar el valor ante sus pesadillas.

Cargué y prendí un nuevo tabaco, me alejé de lo que quedaba de mi anfitrión. Avancé hasta la sala, siempre recordando los lugares frágiles de la casa, los tablones a punto de quebrarse. En aquel revoltijo de cruces invertidas, del imponente Baphomet ensombrecido por manchones rojos, recordé lo que había pasado horas antes. El acontecimiento del que me sentía orgulloso de testimoniar: Beleth, la segunda banda de Black Metal de este puerto, la banda de los panas, tenía su primer vídeo casero, por fin sus temas atrapados para la historia del Metal local. Todo en una desenfrenada actuación donde el mal estaba acumulado, donde el humo –expulsado desde los pulmones acolitadores de la noche– se volvió el aura maligna.

Afuera la ciudad rugía, los últimos viejos ebrios del mercado central dando tumbos en retirada. Y el drama pronto empezaría: la cajetilla de Líder únicamente con dos tabacos y media funda de yerba esperando aún ser quemada.

Tío Lucas y Francisco, los cerebros de Beleth, rememoraban lo vivido. Aún parte del maquillaje los acompañaba, aún no se acostumbraban a decir algunas palabras sin tener a lado un tabaco encendido, uno especial, uno capaz de reafirmarles que su trabajo de músicos iba por buen camino, uno oscuro y lleno de blasfemia. Tal y como estuvo trazado desde el inicio.

Pronto, uno de los tres bajaría por aquella trampa llamada escalera, caería junto con uno de sus tablones gobernados por las polillas, invadiría una de las madrigueras de ratas, sería marcado con mordiscos y, lo peor de todo, anunciaría al vecindario que un nuevo pacto “satanista” se consumía una vez más en aquel antro.

Mientras, Lucas y Pancho hablaban de la grandiosa y “original” idea de meter a la casa alguna pelada mal parqueda, de abrir y cerrar un pacto (el mejor y el único que harían en sus vidas malignas) con su cuerpo, de enaltecer la noche, de glorificar el nombre de su banda, de ofrecer un tributo de sangre, sí, de sangre, sangre en una ciudad sedienta, sangre en una ciudad que los había motivado a crearse, una ciudad que lamentaría cada uno de sus gritos al final de la paz: aquella palabra hueca desparramada en las veredas.

…uno de los tres bajaría por aquella trampa llamada escalera, caería junto con uno de sus tablones gobernados por las polillas, invadiría una de las madrigueras de ratas, sería marcado con mordiscos y, lo peor de todo, anunciaría al vecindario que un nuevo pacto “satanista” se consumía una vez más en aquel antro.

Diez minutos después hemos dejado de ser cuatro (Perra flaca desde su rincón siempre ha contado) porque Gustavo, el bajista, ha llegado. Luce cansado, pero eso no ha impedido darle un buen jale al tabaco que le pasan. Perra flaca, desde su oscuridad, ha gritado que nadie les ha tomado fotos, que se dejen de huevadas. Estamos a inicios de un nuevo siglo, las cámaras digitales nos son desconocidas, aún nos acompaña la vieja casera de rollo, y esa me la encargan. Tendré el honor de verlos a los ojos, y ellos a mí. Sugiero el borde de las escaleras mientras bajo cinco escalones, la sala solo cuenta con una pequeña vela en un candelabro que lleva Pancho. Enfoco, disparo, vuelvo a enfocar y a disparar. Cada foto se va volviendo única. Cada foto va concentrando más maldad y odio en sus rostros. Pero cuando decido tomar la última el escalón se rompe. Caigo, siento rabos fugaces cruzando por mis brazos, algo duele.

Al fondo de la oscuridad escucho carcajadas de cuatro bocas. Pronto alguien vendría por mí, tengo la cámara, el segundo testimonio de la noche y nadie deja un testimonio botado. Además, pronto alguien deberá bajar por más tabacos.

Viendo la única foto rescatada de aquella noche recreé la escena (o quizás la inventé y exageré en todos estos diez años) Mi pie fracturado, la cicatriz en mi mano izquierda, el mordisco de una rata temerosa. Todo ha quedado en el pasado ¿Y Beleth? ¿Qué fue de ellos después de grabar aquel video casero con cuatro temas, de rodar en algunas ciudades del país, de ser considerada una nueva y refrescante promesa del Black Metal de la ciudad?

Pues nada, decidieron lo que siempre buscaron: irse al diablo.

Anuncios

2 comments

  1. francisco · agosto 27, 2012

    jajajaj esta buena hermano, y tienes razon se fue al diablo la banda, ojala surja algun dia aunque lo veo dificil. Hail SAtan y si surgimos otra vez bienvenido sea

  2. francisco · abril 9, 2013

    El 20 de abril surgimos nuevamente, Beleth esta de regreso

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s