“Destrucción”, de V8: una sinfonía motorizada

Por: Luis Fernando Fonseca

@lffonsecal

Hay conciertos inolvidables. El 4 de junio de 2005, los cinco músicos argentinos que entonces integraban Horcas llegaron a Quito, se tomaron unas cervezas con sus seguidores, se subieron al escenario de un teatro que ya no existe y tocaron una versión de la que seguramente es la canción del heavy metal en español que más veces ha sido interpretada: ‘Destrucción’, de V8.

Si de metal pesado se trata, la asistencia no tiene que ser multitudinaria para que una presentación se quede grabada en la memoria (esa noche no había más de 200 personas), tampoco es condición que haya un gran despliegue técnico sobre el escenario (bastaron unos amplificadores que apenas sonaban) y, a veces —cada vez con menos frecuencia—, la cosa suele terminar en desastre sonoro: hace más de una década, en el antiguo Cine República, una de las canciones más emblemáticas del rock de Latinoamérica se escuchó entre advertencias de que el concierto iba a suspenderse y varios apagones aparecieron como interludio forzado y, luego, como final.

Destrucción’ hizo que Walter Meza, el cantante de Horcas, saltara del escenario, sobre las cabezas de quienes coreaban aquello de: “Se siente en el aire/ la fuerte tensión,/ es la imponente furia de mi motor./ Arrasará con todos/ y también con vos/ que morirás llorando por blando que sos”. Aquella noche es tan memorable como el zumbido de una máquina que no se rinde. Es que el ‘himno del metal argentino’ contiene —desde su grabación, en el disco Luchando por el metal, de 1983— un rugido de motor.

El bajista de V8, Ricardio Iorio, quería encender las ocho válvulas de un auto para inmortalizarlas al inicio de su debut discográfico, pero lo más parecido que encontró ante las prisas de la grabación fue un Torino, que echó a andar a la vuelta del estudio del sello Umbral, propiedad de los fabricantes de cintas Audio Magnética. Tras la batería estaba Gustavo Rowek, quien toma con humor la anécdota de Horcas, 32 años después de haber compuesto ‘Destrucción’.

Llegó por primera vez a Ecuador hace un año, luego de haber fundado Rata Blanca, Nativo y, ahora, Rowek. Lo acompañó Sergio Berdichevsky, guitarrista de los tres grupos mencionados.

CUL ENTREVISTA A  INTEGRANTES DEL GRUPO ROWEK  GUSTAVO ROWEK Y SERGIO

Fotos: John William Guevara / El Telégrafo

¿De qué forma surgió el rugido inicial, el de V8?

GUSTAVO: Fue quizás el único momento que laburé en mi vida (sonríe). Empezó en el instante en que se pudre todo en casa: me dijeron “¡Andá a laburar o te vas!” y caí en una fábrica de colada de plástico. Hacía cucharitas y me cagaba quemándome los dedos. Lo hacía todo mal, no lo podía creer. Gracias a esa desgracia nació ‘Destrucción’; yo rompía los embudos, el material se caía al piso y me prohibían gritarles a las máquinas cuando venía el gerente, a quien le agradecí estrechándole la mano cuando me dijo: “lamentablemente vamos a tener que hacer una reducción de personal y lo vamos a tener que echar”. Read More

La ‘filosofía empresarial’ de Iron Maiden explicada por Bruce Dickinson

La única vez que Iron Maiden llegó al país para dar un concierto fue hace casi ocho años. Pero la última visita de su vocalista fue para que de una charla sobre emprendimientos y marcas, en octubre de 2015.

Ozzfest 2005

Bruce Dickinson en el Ozzfest 2005; Karl Walter/ Getty Images

Por: Luis Fernando Fonseca

@lffonsecal

El discurso de cantante británico Bruce Dickinson –quien además de artista es empresario y un piloto comercial de aviones que da charlas alrededor del mundo– fue una de las novedades durante la quinta edición del Campus Party, que se dio a fines de 2015 en el Centro de Convenciones y exposiciones Mitad del Mundo (Cemexpo).

La audiencia de su “conferencia magistral” –el anochecer de un jueves frío– estuvo compuesta por un número considerable de seguidores de la banda Iron Maiden, a la que el vocalista llegó en septiembre de 1981 por pedido del bajista Steve Harris, a quien le llamó la atención la portentosa voz de Bruce Bruce –como se lo conocía en esa época– al verlo frente a la agrupación Samson, en el Reading Festival ’81. De aquel fichaje surgió uno de los discos más memorables de la Nueva ola del heavy metal británico –NWOBHM, por sus siglas en inglés–, el ‘The Number of the Beast’ (EMI, 1982) y para el cual usaban una estética –jeans, cuero, metal y a veces mallas– de la que solo quedan fotografías y que dista mucho de la indumentaria con la cual Dickinson se dirigió a los campuseros.

Vestido con una chaqueta formal –que se sacó a mitad de la charla–, una camisa celeste, bluejeans no tan ceñidos y unos mocasines negros, Bruce fue el primero en tejer un nexo –impredecible para quienes solo lo habían escuchado cantando– entre la actitud empresarial y la marca que está tras su banda. No era la primera vez que venía al país –el 10 de marzo de 2009, Iron Maiden actuó ante los miles de espectadores que llenaron el estadio de Sociedad deportiva Aucas, en el sur de Quito– pero la diferencia con lo que esta vez vino a hacer fue abismal –o no tanto– aunque pusiera el tema homónimo del primer disco que grabó junto a Harris y compañía como introducción a su conferencia, “The Number…”. Read More

La agresividad musical de Arch Enemy rompe barreras ideológicas y fronterizas

La agrupación de death metal melódico ofreció su primer concierto en Quito la noche del jueves 12 de febrero. La creativa agresividad que caracteriza a sus melodías se extiende a las letras de sus canciones.

Por: Luis Fernando Fonseca

@lffonsecal

La influencia que la música clásica ejerce en las composiciones y mensajes del metal pesado ya no es novedad, pese a que ningún autor llegó a pronosticar el alcance temporal que han tenido las melodías de hace siglos atravesando partituras contemporáneas. Las barreras espaciales y morales de estos sonidos aún existen aunque poco tienen que ver con inquisidores medievales.

Las últimas horas del pasado miércoles, el quinteto de death metal melódico Arch Enemy arribó a Quito por primera vez y, mientras se instalaba en un hotel capitalino, aún con la fatiga que le provocó el concierto que un día antes ofreció en el Teatro Flores, de Buenos Aires (Argentina), el guitarrista Michael Amott conversó con este Diario (El Telégrafo) sobre la música que los ha llevado a emprender giras mundiales desde 1996, cuando empezó su proyecto.

Foto: Marco Salgado

La religión y las libertades individuales han sido temas que la banda trata con agresiva irreverencia en cada uno de sus discos, ¿eso le ha causado algún problema con la audiencia o con los medios de comunicación a Arch Enemy?

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El oscuro carisma de Cavalera Conspiracy llegó a Quito

La agresividad musical de los brasileños disipó la lluvia, los rayos y doce grados de temperatura. El concierto pudo ser el mejor de su última gira.

Por: Luis Fernando Fonseca

@lffonsecal

El carisma es una característica humana difícil de explicar. No hay una receta o manual para tenerlo. Es algo que se da de forma espontánea y que te hace voltear a ver a quien lo posee apenas entra a un lugar, como si te imantara a su presencia. El carisma es algo inexplicable que caracteriza a gente como a Max Cavalera que, con su peinado rastafari y su poblada barba, no dejó indiferentes a los mil espectadores que fueron a ver a su grupo en la capital, el viernes pasado.

Cavalera-Conspiracy (impreso)

Conspiração brasileira

Esa noche, los colores de la bandera brasileña destacaron en la Plaza de toros Belmonte. El cielo azul de Rio de Janeiro, con la frase Ordem e progresso en medio, se mostró sobre un amplificador a la izquierda del escenario, y en la guitarra de solo cuatro cuerdas que la marca ESP patentó para Max. El colorido modelo del instrumento auriverde –que su dueño alternó con una B.C. Rich Warlock en determinadas canciones– contrastaba con las notas graves y de una extrema saturación que caracterizan al grupo Cavalera Conspiracy.

Aunque Brasil es una nación en la que la habilidad en las piernas de Pelé, junto a los cuerpos esculturales de las danzarinas del carnaval de Rio, o, el sol playero de Copacabana suelen preceder a la inocultable miseria de sus favelas en el imaginario mundial, el mayor de los hermanos Cavalera labró un nicho en la música cantando contra la represión y las injusticias de su país, del que un día llegó a decir que “su gente le tiene mucho más miedo a la policía que al demonio” Read More

Liran’ Roll en Quito

María, la chica que se olvidó de ser mujer

Una noche, cuando tenía 16 años y pensaba que mi vida era privilegiada por la ausencia de control, me enamoré de una joven como yo pero con más vicios de los permitidos. Aunque ella no estaba a mi alcance –ni al de nadie–, la busqué. La calle y el tumulto fueron el inicio y el fin de esa ilusión.

Texto y fotos: Viviana Herrera.

@ViviHerreraA

Pasaron los años. María viajó, se embriago, se drogó, se enamoró e ilusionó. Yo la olvidé. Pero hace poco, el 20 de junio de 2014,  la incertidumbre regresó. Jeans, una pupera negra; cabello graso, negro, hasta los hombros; ojos cafés, mirada perdida; labios secos; rostro ovalado; alta y delgada. Así era María, la mujer con la que quería conversar, tomar una cerveza en una vereda cualquiera, regalarle un tabaco y despedirme con una sonrisa.

Lo más cerca que pude estar de ella fue a través de cuatro hombres que llegaron desde México y que con su “órale” (cantadito) hicieron posible el encuentro entre las dos.

La banda rocanrolera junto a Leo Mena (Arambel)

La banda rocanrolera junto a Leo Mena (Arambel)

Horas antes de su presentación, hombres y mujeres llegaron a beber cerveza,  fumar tabacos y juntarse con sus similares (esa tarde, todos gritaron dos goles que la selección ecuatoriana marcó ante la selección de Honduras en el Mundial Brasil 2014, hazañas del jugador Enner Valencia que se vieron en una televisión de 24 pulgadas.Terminado el partido, y con el ánimomás allá del cielo, empezó la tocada).

La banda ecuatoriana que inició el evento fue Zigma Detonador, seguida de Aztra y Sueño Eterno. Cada agrupación puso al público a cantar y cabecear. Sin duda XXX, de la ciudad de Ambato, demostró que su trayectoria y constancia les ha permito ser una agrupación representativa del heavy metal nacional.

La banda que antecedió a los chavos fue Arambel, con Leo Mena a la voz –y quien fue el responsable de que Antonio Lira, ex integrante de Blues Boys fuera parte del festival “Al Padre del rock and roll” en su V edición–. Los bailes rockanroleros de Leo y su habilidad para dar vueltas al micrófono dejaron al público listo para una buena dosis de blues y rock mexicano. Read More

Sonata para rebeldes

Sonata para rebeldes en si bemol

Por: Luis Fernando Fonseca

@lffonsecal

«No puede comprender que el heavy deba ser un rito marginal

o que no suene bien la música de Bach si no te pones frac.

Pobre, le quieren recluir en una clínica mental,

todos se empeñan en decir que con el rock se acaba mal.

Dice que el gran Beethoven hoy tocaría rock,

aunque le ataquen mantendrá su opinión…»

Breakthoven (Barón Rojo).

Es difícil convencer a alguien de que un género musical basado en el desencanto de los negros que padecieron el apartheid gringo pueda ser una obra de arte con raigambre en la música clásica. Sin embargo, el blues lo es. Más difícil aún es convencer a alguien de que un género musical basado en las correrías de motociclistas pueda ser una obra de arte con raigambre en el blues —y, claro, en la música clásica—. Sin embargo, el heavy metal lo es.

Quizás imaginarlo sea complicado pero el metal pesado, el soundtrack de los rebeldes sin causa, puede ser la moderna caja de resonancia que Richard Wagner soñó y quiso montar en auditorios de hace dos siglos.

El Jardín de las Delicias, tríptico de El Bosco que situó a los músicos en el infierno.

El Jardín de las Delicias, tríptico de El Bosco que situó a los músicos en el infierno.

Opus 32 N°. 1

Es verano y estás intentando descubrir qué hay bajo la alfombra que cubre el piso de tu casa, con tus amigos y familiares de infancia; niños revoltosos que corretean tras los más grandes. Sobre la alfombra hay una mesita de sala y, alrededor, estantes de libros que te parecen ilegibles, junto a un equipo de sonido que permanece en silencio. Te sientes muy pequeño en medio de ese conjunto de grandes objetos que te han prohibido tocar. Uno de tus primos mayores, ya entrado en la adolescencia, cruza la sala dándote una palmada en la nuca. No culpas al tipo por arrogante, es casi un deber permitirle que te enseñe algo. Cosas de la edad. Es de esos chicos nacidos en los años setenta que no conocerán Internet hasta la adultez y que en los noventa verán los discos compactos como milagros efímeros.

Ese primo —que lleva tenis, jeans y camiseta— es la oveja negra de la familia, a quien los mayores no pierden de vista porque temen que te enseñe a fumar a escondidas. Pero lo que va hacer está lejos de ser una travesura, algo que él no recordará en unos años pero que a ti te marcará de por vida, más que la adicción a la nicotina.

Estás en esa reunión familiar de los años ochenta, mirando a todos con curiosidad; a esa edad temprana sueles aburrirte con frecuencia. Entonces escuchas algo, un zumbido, y el tedio desaparece tras una sensación que, hasta ese momento, no habías conocido. Empiezas a sentir una especie de placer por algo que te penetra los oídos. Tu primo —el rebelde sin causa al que recién le han brotado espinillas— ha cruzado la sala con un sobre grande de cartón del que saca un disco también grande y negro, para colocarle una aguja encima, sin rayarlo. Sube el tono del volumen, los parlantes polvorientos se activan, el zumbido del acetato irrumpe junto al sonido de la lluvia sobre hojas secas, campanadas y lo que parece un maullido, garras de animal sobre una pizarra que te atraen por su ritmo.

El 18 de septiembre de 1970, Black Sabbath lanzó el disco Paranoid

El 18 de septiembre de 1970, Black Sabbath lanzó el disco Paranoid

Tú no sabes qué sentir ni cómo reaccionar pero te emocionas, das saltitos sobre la alfombra. El sonido te envuelve y el zumbido, que parece necesario, va despareciendo cuando un tipo empieza a gritar. Su aguda voz canta en inglés y empiezas a sentir un leve temor, miedo a lo desconocido como el que te embargará cuando el mismo primo te muestre, en unos años, una película porno, o cuando recibas, mucho después, tu primer beso, de una prima, su hermana quizá. Entonces te reconforta saber que él, mayor y experimentado, te ha envuelto en esa música porque algo bueno debe tener. Querrá aleccionarte tal vez, mostrarte algo que ya te está permitido disfrutar. Algo que, quieras o no, recordarás para siempre.

Así empieza mi relación con Black Sabbath que está entre los grupos que escucho desde la infancia. Con el pasar de los años me di cuenta de que esas melodías no solo me emocionaban sino que se metían en mis venas haciéndome sentir que retumbaban dentro de mí como un eco del pasado. De un pasado lejano. De otra vida. Parece difícil convencerlos de que unos unas canciones oscuras, junto a letras basadas en películas de terror puedan llegar a ser tan excitantes. Pero pueden. Conforman piezas magistrales que yo no cambiaría por nada, por ningún otro género y por ningún otro pasatiempo. Y para que esto no termine siendo un elogio a un arte que pocos comprendemos, o una simple lisonja a algo que amo, contaré qué tiene que ver esta música con el pasado, con esos registros fonográficos encerrados en museos de coleccionistas a los que el frac les es inherente.

Opus 32 N°. 2

Mientras crecemos, nos damos cuenta de que viajar en el tiempo es imposible. Y, para colmo de males, al cineasta Robert Zemeckis se le ocurrió jugarle una broma pesada a Chuck Berry cuando puso la canción ‘Johnny B. Goode’ en las manos de Marty McFly (Michael J. Fox) en su filme Back to the Future. La treta: Marty entonó su guitarra de una forma desconocida en la década de los cincuenta, adonde había regresado-viajado. Marvin, un primo de Berry, lo escuchó y telefoneó: “Chuck, ¿recuerdas el sonido que estabas buscando? Bueno, pues escucha esto”. Treta que confunde porque Chuck Berry tenía en la sangre —en su historia genética— el ritmo acrobático que hace sensual a la música[1]. Read More

El avant garde y Paul McCartney

De los cuatro fab four, Paul McCartney era el más interesado en la alta cultura y vanguardias.

Por: Eduardo Varas

@EduardoVarasC

Por alguna extraña razón, Paul McCartney será por siempre el beatle que va detrás de John Lennon. Y para muchos, incluso, por debajo de George Harrison. Esta es una de esas injusticias provocadas por los prejuicios que gravitan alrededor del mito de la banda de Rock que pateó el tablero del mundo: Paul, el de la cara bonita, el que hizo “Yesterday”, el que parecía disfrutar del reconocimiento, el que quería canciones melosas y cursis…

Para muchos, Paul McCartney siempre será la sombra de John Lennon. Aunque, como premio de consuelo, lo coloquen por encima de Ringo Starr.

Esa mitología gana en todo nivel porque una personalidad como la de Lennon no deja a nadie de pie.

Pero Paul fue quizás la pieza determinante dentro de la banda, tanto para lo bueno como para lo malo. Porque muy pocos saben que de no haber sido por él, los Beatles hubieran desaparecido tres años antes de su fecha de caducidad: él los mantuvo unidos cuando murió Brian Epstein, su manager, en 1967; encabezó proyectos y tomó la batuta, trató de respetar las individualidades de los otros tres y logró controlar a la bestia por un poco más de tiempo, hasta que la ficción se reventó, a inicios de los 70’s.

No era que solo disfrutara de ser uno de Los Beatles. Ser un beatle era lo único que sabía hacer, con todos los pros y contra que eso involucraba.

Paul McCartneyDe los cuatro fab four, Paul McCartney era el más interesado en la alta cultura y vanguardias. Hijo de un músico de jazz, el bajista, en 1963 –cuando la banda viajó de Liverpool a instalarse en Londres– es quien empezó a consumir de inmediato la oferta de la capital inglesa. Fue asiduo asistente a obras de teatro y a conciertos de cámara y óperas, McCartney diversificó sus intereses con solo 21 años. De la mano de George Martin, el eterno productor de Los Beatles, escuchó y se dejó llevar por las obras de Shubert y Stockhausen. McCartney fue el primer beatle que caseramente trabajó en experimentaciones sonoras y cuando algo le parecía que funcionaba, lo llevaba al estudio. De hecho, fue su curiosidad e insistencia lo que permitió que sus cintas con sonidos reproducidos al revés fueran parte de la música del grupo. “I’m only sleeping” y “Rain”, dos canciones de Lennon, se benefician de este trabajo de McCartney.

Andy in the garden, 1990 (Paul McCartney)

Andy in the garden, 1990 (Paul McCartney)

Fue McCartney quien tomó su guitarra Epiphone, semi acústica, y tocó el solo de “Taxman”, canción compuesta por George Harrison, cargándola de ese aire oriental como guiño a su compañero de banda. Para “Tomorrow Never Knows” fue Paul quien llevó al estudio los loops trabajados en casa y que se usaron como parte del caos sonoro en esta canción que cierra el disco Revolver, de 1966.

Paul insistía en usar más músicos, en llevar a gente que tocara instrumentos que ellos no pudieran tocar. Paul fue el corazón, las piernas y la cabeza por mucho tiempo, quizás demasiado y por eso el mito ha sido demasiado duro con él: tanto Lennon como Harrison no quedaron en buenos términos con él; con los años, esas relaciones se arreglarían.

La canción de Los Beatles que pocos saben cómo va Read More

Cuatro Jinetes saltando sobre el fuego

Cuatro jinetes saltando sobre fuego

¿Por qué los primeros integrantes de MetallicA son menos famosos que Jesucristo?

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Por: Luis Fernando Fonseca

@lffonsecal

Una furgoneta negra recorre el asfalto interminable de Nueva York. El chofer tiene el cabello largo, rubio, y los ojos llorosos. Su nombre es James Hetfield y conduce hacia la Terminal de Buses de la Autoridad Portuaria. Es una mañana de abril en 1983 y junto al guitarrista, que derrama lágrimas sobre el volante, están sentados el baterista Lars Ulrich y el bajista Cliff Burton. Detrás de sus asientos –en la cajuela de la camioneta U-haul en la que han viajado desde San Francisco hasta la gran manzana– está acostado, triste y con resaca, un joven Dave Mustaine al que llevan a la estación luego de haberlo expulsado de Metallica.

Es un día triste para los cuatro músicos que llegaron a la ciudad más grande del mundo con la idea grabar el primer Long Play de sus carreras. Mustaine, el pelirrojo que aún está bajo el techo oxidado del carro de James, tendrá cuatro días de viaje en un autobús para pensar en lo que motivó a sus amigos a separarlo de la banda que formó el danés Ulrich, quien parece ser el menos afectado por la decisión recién tomada.

Mustaine era un peligro cuando estaba ebrio y ya les había causado problemas —Unos días atrás, en un restaurante de la carretera, Dave armó una pelea: los cubiertos volaron sobre las mesas que tiraba al piso a punta de patadas, los meseros persiguieron a la banda que huyó del lugar dejando atrás las sirenas de la policía californiana. Read More

Un Tributo a Erzsébet Báthory, la Condesa Sangrienta

«Nosotros tenemos una herencia de sangre y Black Metal.

Una herencia de los dioses que venimos a compartir con ustedes»

Gusthav

Guitarrista y vocalista de Mysteriis

Por: Viviana Herrera, @ViviHerreraA

Fotos: Viviana Herrera, Fabián Ruiz.

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El culto en lugares ocultos

Guayllabamba es un pueblo al noroccidente de la capital conocido por el zoológico y su comida típica. Un valle seco que luce tranquilo pese a que en unas de las bancas del parque central, cuatro amigos se han reunido para festejar el fin de semana con unas copas demás. Quizás el árbol de Navidad débilmente adornado que se ubica en el centro del parque –encima de la pileta– les recordó que su suerte es como la decoración —sin luz, atracciones ni regalos, con lazos de papel brillante elaborados al apuro… entonces vale la pena brindar por una felicidad inexistente.

Un camino angosto con adoquines de colores y pinos pequeños conduce a una calle desolada donde un grupo pequeño de melenudos nos anuncia que ahí está el bar Dark Silence. Desde afuera, se ve la puerta de ingreso principal cerrada, por lo que para ver el concierto se debe pasar por un costado de la infraestructura de cemento, la misma que tiene una cerca de palos que la separa de un terreno. Esto nos remonta a los primeros conciertos de Rock que se realizaban en la capital, en lugares alejados y poco agraciados, casi clandestinos.

Adentro del bar –un cuarto oscuro por las paredes pintadas de negro y una luz mortecina– se pueden apreciar logos y letras blancas de bandas representativas del género negro. La estética del sitio tiene un sentido profundo —este tipo de lugares demuestran el lado oscuro de la vida, del pensamiento y una aberración ante la religión. Como bien dijo Burzum: «el mundo necesita oscuridad porque el exceso de luz no nos ilumina ni nos abriga sino que nos ciega y nos abraza» Read More

En busca de Janis (un fragmento de Sam no es mi tío)

Cuando la escritora chilena Andrea Jeftanovic llegó a Estados Unidos, el conductor del shuttle le dijo en cuanto la vio: “You are Janis Joplin. Ya se lo habían dicho en otras ocasiones, pero no imaginó que se lo señalaran en la propia tierra de la cantante. Luego de pasar horas varada en la aduana, «Janis Joplin chilena se proponía localizar sus años beat. La consigna era merodear la Ruta 66 bordeando el Pacífico y buscar compases psicodélicos a golpes de bebop; satisfacer mis anhelos de haber nacido en los sesentas y de vestir camisetas con el signo peace & love; celebrar “la píldora” y luego bascular la cabeza en conciertos de rock.»

Pero la nostálgica latina comprobó que California era una zona distinta, donde ya no encontraba en los bares el trago favorito de su heroína, el Southern Comfort, un tipo de bourbon con limón para ahogar los demonios. Los bármanes la miraban con extrañeza, alguno recordaba ese brebaje old-fashioned y ella seguía comprobando que California, al desnudo, ya no era la misma…

Por: Andrea Jeftanovic

«Cuando las personas mueren jóvenes se transforman en leyenda. Dicen que pese a no ser tan bonita tenía gran magnetismo sexual entre hombres y mujeres; Jim Morrison, Leonard Cohen, Eric Clapton se cuentan entre sus amantes. Dicen que tras un show se fue sola a un bar de pipas y le dijo a uno de los asistentes: “Vete a la calle, y al primer tipo atractivo que veas me lo traes, que me lo voy a follar”. Apareció al rato un jovencito barbudo que llevaba colgando una guitarra a la espalda. Janis le dijo: “Hoy es tu día de suerte, ¿cómo te llamas?”, y el joven respondió: “Eric Clapton”. Años después, Janis Joplin pasaría una noche íntima con el cantautor canadiense Leonard Cohen, quien le dedicó una canción, Chelsea Hotel. Dicen que su última canción en vida fue un saludo de cumpleaños en el teléfono de John Lennon. También se dice que la actuación de Janis Joplin en Woodstock fue una de las peores que realizó en su corta vida, que terminó desmayada sobre el escenario. Siempre me he preguntado a quién le dedicó el tema “Piece of My Heart”. ¿A Morrison, a Clapton, a Cohen o a otro?»

JANIS JOPLIN 1969

Oh, come on, come on, come on, come on!

Didn’t I make you feel like you were the only man? — yeah!

An’ didn’t I give you nearly everything that a woman possibly can?

Honey, you know I did!

And and each time I tell myself that I, well I think I’ve had enough,

But I’m gonna show you, baby, that a woman can be tough.

(…) Read More

Canción Para Una Discoteca (L. M. Panero)

Canción Para Una Discoteca

Leopoldo María Panero

No tenemos fe

al otro lado de esta vida

sólo espera el Rock and Roll

lo dice la calavera que hay entre mis manos:

baila, baila el Rock and Roll

para el Rock el tiempo y la vida son una miseria

el alcohol y el hachís no dicen nada de la vida

sexo, drogas y Rock and Roll

el sol no brilla por el hombre,

lo mismo que el sexo y las drogas;

la muerte es la cuna del Rock and Roll.

Baila hasta que la muerte te llame

y diga suavemente: entra

entra en el reino del Rock and Roll.

La indiscutible Reina del Metal llega a Ecuador

Doro Pesch se casó con el Rock

Por: Luis Fernando Orquera

@luisferork

Doro Pesch visitará por primera vez nuestro país este sábado 1 de marzo, como acto principal del cada vez más renombrado Guaranda Metal Fest, un evento que año a año sorprende con reconocidos nombres de la escena del Metal mundial.

doromusic.de

doromusic.de

Esta vocalista fue una de las primeras mujeres en incursionar en un género que hasta hoy sigue siendo mayoritariamente masculino. Así, a inicios de los 80, su reconocible estilo de interpretación (melódico pero lleno de fuerza) lideró la banda Warlock durante buena parte de esa década, hasta que perdiera los derechos para usar el nombre del grupo.

Esto la obligó a continuar su carrera con su propio nombre. El propósito principal de la artista fue triunfar en EEUU. Sin embargo, con la llegada de la oleada alternativa de los 90, su música, influenciada por el Heavy Metal ochentero, tuvo un tibio recibimiento en ese país. De todas formas, su continente y la comunidad del Metal a escala global nunca dejaron de apreciar y recibir de buena forma sus producciones.

Así por ejemplo, mientras su disco de 1989, «Force Majeure» llegó al número cinco en Alemania, apenas se ubicó en el 154 en Norteamérica. Esta tendencia no cambió con el paso de los años. Lo que sí se cimentó con su continuo trabajo fue una fanaticada fiel y un respeto dentro de la comunidad metalera.

Desde 1993 Doro ha sido una infaltable participante del festival de Metal más importante del mundo, el Wacken Open Air, que tiene lugar cada agosto en Alemania. Su relación con este evento es tal, que incluso fue ella la responsable de escribir el himno oficial del evento, una canción llamada We Are the Metallheads.

Su constante producción de álbumes (un promedio de uno cada dos años) y sus extensas giras mundiales han mantenido vigente su nombre y su música pese a que la misma tenga poca o nula rotación en el espectro radial. Sin embargo, este ritmo y compromiso de trabajo le han privado de formar una familia:

—No tengo niños, me encantan pero mi matrimonio con el Metal no me permite tenerlos. Es mi decisión— aseguró Doro a diario El Comercio, en una entrevista que puede leerse a continuación.

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Black Metal en el Tambo

El paganismo, razón de Lucifer

El Black Metal es visto como el género más pesado del Rock por la fuerza de su estética. Las portadas de sus discos contienen imágenes blasfemas y sangrientas; las voces son guturales como las del ser que requiere un exorcismo; y las letras de las canciones hablan de suicidios y asesinatos, pero la oscuridad puede esconder muchas cosas para quienes no siguen este estilo y sólo navegan en su superficie.

Hoy nos sumergiremos en el Paganismo, tendencia ancestral que intenta estar en equilibrio con la naturaleza y, desde las profundidades, llena de sentido a esta cultura.

Por: Viviana Herrera

@ViviHerreraA

La palabra «pagano» (del latín pagānus) hace referencia a aldeano, que en latín eclesiástico adquirió el significado de «gentil» por la resistencia del medio rural a la cristianización. Es todo infiel no bautizado, habitante del campo que adoraba a sus dioses y rechazaba la existencia de un solo dios en el siglo IV del Imperio Romano.

Para abordar esta música e ideología en lo andino, viajé ocho horas el pasado 21 de septiembre desde Quito hasta El Tambo, un pueblo cercano a la provincia de Cañar. Allí encontré a tres bandas colombianas: Lord Death Hipocrisy, Nocturnal Art y Sepulcro Ancestral que tocaban, por primera vez, en Ecuador.

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Nocturnal Art

Paisaje y espera

El viaje inició a las 07h00 en el Terminal Terrestre de Quitumbe, al sur de la capital. Debido a que –según el organizador– varios músicos bebieron demás y fue difícil despertarlos a la hora planificada, me adelanté al lugar del concierto. Mientras el bus dejaba atrás la ciudad aparecía el paisaje al borde de la carretera. Una gama de verdes naturales, miles de hectáreas de páramo, y los azules y celestes del cielo contrastaban con el hielo de los volcanes. El taita Cotopaxi,  los hermanos Ilinizas, El Jambelí y La mama Chimborazo eran algunos de los nevados que miraba junto a pocos metaleros que me acompañaron en el largo trayecto.

En una de las explanadas de las montañas desérticas que se encuentran entre Ambato y Riobamba, se alzaba un pequeño remolino que levantaba una buena cantidad de polvo. Suceso que –recuerdo– representa el baile del diablo que hipnotiza a través de la danza envolviéndote en el remolino sin que te des cuenta y, ya en lo alto, te asfixia y aniquila —El largo y colorido camino recordaba mitos urbanos transmitidos por generaciones.

Cerca de las 13h00, las nubes y la neblina hicieron de Alausí un pueblo fantasma, grumoso, como una escena de cine silente. En el centro de las tres montañas que forman un semicírculo, un manto blanco había borrado cualquier rastro de existencia humana. El bus avanzaba y yo intentaba, a través de la ventana, detectar un ser cuya figura hubiera burlado a la neblina. Pero nada se podía ver. Pasaron los minutos, el bus bordeó el pueblo y las nubes empezaron a  abrirse revelando la cristiandad del lugar. Una escultura con túnica blanca y manta roja, libro y aureola develaron al patrono de la zona, San Pedro, que es parte de la identidad local desde hace cinco siglos.

Nuestra fidelidad

Durante cuatro horas –el concierto se retrasó en espera de los extranjeros– los metaleros de El Tambo aguardaron pacientes en las tiendas, veredas y calles cercanas al local del evento. En la lejanía, entre frio y montañas, los rockeros aún pueden decir que nadie los vigila.

Luego de que montaran el sonido, las cervezas animaron a los tambeños a reunirse en un terreno frente al concierto. En medio de una pequeña charla con los nuevos hermanos del Rock, llegó envuelto en sudor un hombre de tez clara, despeinado, con una mochila grande para su estatura y una cerveza enlatada en la mano. Este personaje se había aventurado a  cruzar la frontera en bus para ver a sus panas del alma tocar por primera vez en Ecuador. Edwin Liz Motta, comerciante independiente, dejó de lado sus aguardienticos por el purete de la zona. Su llegada le devolvió a la gente la esperanza de que el evento se realizara al fin y al cabo.

A las 18h00, entramos al local aunque las bandas no llegaban. En pocos minutos una furgoneta gris trajo a los músicos que la noche anterior, en su mayoría, se pegaron una chuma bendita en Guayllabamba, un pueblo al noroccidente de Quito. Alrededor de 30 personas de Riobamba, Cañar y El Tambo estaban presentes.

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